lunes, 30 de mayo de 2011

“Generación Desencantada”

Si no podemos encantarlos con la vida estamos fracasando.                                                                                                                                                              La vida no perdió su encanto. Fuimos nosotros los que perdimos el gusto por la vida.
                                                                                           Perdimos la inocencia, la capacidad de asombro, la fe en el futuro. Perdimos la iniciativa, el hambre de progreso, las ganas de cambiar lo que hay que cambiar.
                                                                                           El desencanto es la mejor arma de los más corruptos, de los villanos de la historia. El desencanto nos aísla, nos encierra, nos separa, nos vacía de sueños.
                                                                                     Una generación desencantada es una generación de muertos en vida. Una generación desencantada no se siente útil, siente que al mundo, a la historia, le da lo mismo que ella exista o no. Una generación desencantada se siente sola. Una generación desencantada pide a gritos un milagro, algo que les devuelva la fe en la magia.
                                                                                   Para volver a encantarse, para volver a creer en la magia, esa generación debe saber que no está sola. Debe saber que es necesaria, importante y decisiva para otras generaciones pasadas y futuras. Debe saber que lo que encanta de la vida no es el mundo que se recibió sino el que podemos dejar.
                                                                                
 
                                                                                      Para encantarse con la vida una generación necesita rebelarse, el desencanto se contagia fácil, pero el encanto es un trabajo de hormiga. El encanto nos necesita a todos haciendo lo que amamos y amando lo que hacemos.
                                                                                            Porque es mentira que las cosas son como son, las cosas son como dejamos que sean. El mundo cambia cuando nosotros cambiamos, y para eso hay que creer que el cambio es posible, es un acto de fe. Un acto de valentía, un acto de compromiso, un acto de amor.
                                                                                        Te pueden decir que no se puede, te pueden decir que no, una y otra vez no, que esto es lo que hay y que más allá de esto no hay nada, solo un triste desencanto, y que tú no puedes hacer nada, que hagas lo que hagas no va a cambiar nada. Es mentira, es falso.
                                                                                    Más allá del desencanto está tu vida, tus sueños, y si tu no los haces realidad alguien los vive por ti, alguien se adueña de tus sueños, de tu vida.
                                                                               Mientras caen bombas que confirman que nada tiene sentido, mientras bombardean a una generación desencantada, acá hay otra generación, encantada con la vida, y con la realización de sus sueños.

“Frágil”

   Todo lo valioso en la vida es frágil, por eso es valioso. La vida es una galería llena de cristales y uno pasa por ella intentando ser un gato, hábil, sigiloso, para que nada se rompa porque vale.
                                                                                         Nuestro cuerpo es frágil. Nuestro corazón es frágil. Nuestra felicidad también es frágil.
                                                                                         Es un juego de equilibrista. Es caminar sobre la cuerda sin red sabiendo que un frágil movimiento nos hace caer al vacío.
                                                                                      La vida es valiosa porque es frágil. Un mal movimiento o un golpecito y el cristal se resquebraja, y nos corta en mil pedazos.
                                                                                        Una mirada, una palabra, un gesto, una noticia nos recuerda lo frágiles que somos. Creemos que dureza es lo opuesto a fragilidad, pero la fuerza no está en la dureza sino en la fragilidad.
                                                                                        Amas y al rato odias. ¿Por qué un vínculo o un sentimiento pueden ser tan frágil? Porque es débil o porque somos demasiado rígidos.
                                                                                                                        

Creemos que tenemos que mostrarnos fuertes como una roca, invencibles, sólidos como un rascacielos. Pero los rascacielos se construyen con metros de oscilación para que se puedan mover y no sean rígidos. Porque un rascacielos rígido al más mínimo viento se derrumba.

“En Busca Del Tiempo Perdido”

  Una imagen, un olor, un sonido, nos traen una vivencia que sigue viva, latiendo. Va más allá de que uno quiera o no, ese recuerdo vuelve sin permiso, sin ser llamado.
                                                                                          ¿Por qué algo que queremos sepultar, olvidar, se nos cuela por los sentidos y vuelve tan vivo como siempre? Porque algo nos dice, algo nos reclama. Algo late en esa imagen, en ese aroma, en esa música, algo nos susurra, es un tiempo perdido que vuelve para ser recuperado.
                                                                                             Esas evocaciones, esos recuerdos súbitos son señales que nos sirven de guía, porque cuando escuchas una canción que te hace acordar a otra época y sientes nostalgia, quiere decir que algo de lo que tú eras quiere volver, quiere seguir vivo.
Casi todos los días tenemos esas imágenes, esos olores, esos sonidos que nos transportan al pasado, pero los ignoramos. Pero si en lugar de ignorarlos nos detuviéramos a entender el mensaje que nos traen, entenderíamos mucho más de nosotros. Y de a poco, tirando de esa punta del ovillo, guiados por ese recuerdo, llegamos a la otra punta, a esa palabra que siempre estuvo ahí y que vuelve, irrumpe, ni golpea la puerta, nos viene a reclamar porque quiere ser dicha.
Es un tiempo perdido que entra por los sentidos, que irrumpe de golpe, pasado que se hace presente porque no puede esperar más.
Un tiempo perdido que quiere renacer. Un tiempo perdido que quiere ser rencontrado. Porque cuando recobramos ese tiempo perdido algo renace en nosotros y volvemos a sentirnos vivos, volvemos a ser nosotros mismos. Recuperando el tiempo perdido nos reinventamos una y otra vez.
                                                                                      Cuando algo se nos hace presente una y otra vez señala algo simple, nunca se fue. Porque en nuestro corazón, una canción no es canción, es deseo de amar. Pasado no es pasado, es tiempo perdido que quiere ser recobrado.

domingo, 29 de mayo de 2011

“El Valor de las Palabras”

Salvaje puede ser un asesino, un logo o un peinado. Hablamos mucho, pero no siempre entendemos el valor de las palabras.
Una palabra puede ser más potente que una lluvia de misiles, porque una palabra dicha, o no dicha, gritada o susurrada puede desatar una revolución.
Uno no se da cuenta de todo lo que tiene para decir hasta que empieza a decirlo. Las palabras están ahí, atrapadas en tu cabeza, quieren salir, quieren ser dichas, quieren ser gritadas.
 Cuando alguien me discute a full le termino dando la razón. Cuando siento miedo me burlo de los cobardes. Cuando estoy furioso con alguien le dio “ está todo bien ”. Para eso sirven las palabras, para ocultar lo que sientes.
Uno cree que las palabras dan respuestas, pero dan algo más poderoso: preguntas.
Decir algo es muy potente, pero más potente aun es no decirlo. Porque el silencio también tiene palabras, pero son palabras guardadas, elegidas, que esperan pacientes el momento de ser reveladas.
A veces solo hace falta abrir la boca para que se desate un huracán.
Pero las palabras cuando llegan te despiertan.
Las palabras pueden distraer, engañar.
 Las palabras son pensamientos que se convierten en acción.
Actuar es mi palabra favorita, porque no se dice, se hace.
Las palabras están ahí, vírgenes, listas para ser usadas.
Las palabras provocan, inquietan, movilizan. ¿De quién son las palabras que decimos? ¿A quién pertenecen? ¿A uno, a varios o a todos?
¿De qué sirven las palabras si uno las dice y nadie del otro lado las recibe?
 ¿Qué valor tiene una palabra si nadie la escucha?
 Sin palabras no hay silencios.
Y sin silencios no hay palabras.
Muchas veces no sabemos por que callamos, y muchas más no sabemos por qué hablamos.
Estamos en silencio, guardándonos las palabras hasta que algo, alguien nos hace hablar,  hay tantas palabras.
 Y sin embargo muchas veces nos quedamos mudos, sin saber que palabra usar.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero cuando una palabra tiene valor puede contener mil imágenes.
Pero no hay tal crisis, la palabra vale. ¿Acaso hay una expresión que sea más hermosa, llena de sentido y amor que “te doy mi palabra”? Te doy mi palabra es un acto de entrega, de amor, de confianza, es más que una expresión de deseo, es un compromiso de vida, es un acto de fe. Porque cuando todo perdió valor la palabra puede rescatarnos.
 Hay que creer y confiar en el valor de las palabras.

“El Ultimo Round”

  Un padre es mucho más importante de lo que uno piensa, porque las palabras de un padre, su mirada, viven en nosotros.
                                                                                        Es como que los padres te dan una caja de herramientas, si tú tienes un problema metes mano en esa caja y sacas la herramienta que necesitas para arreglarlo. Pero cuando el padre faltó o falló tienes un problema, metes la mano en la caja y no hay nada, estás perdido. Sin esas herramientas es como que estás desnudo, sin armas para enfrentar la vida.
   Porque un padre nos da eso, nos da armas para pararnos, para pelear por un lugar. Y cuando dejas de pelearla te mueres, te caes, te vas.
                                                                                         Lo que te mantiene vivo no es ganar sino pelear. La pelea perdida es la que no se peleó. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. No está muerto quien pelea. Tal vez te cruzaron un cross de derecha, te hicieron besar la lona, sangrar, llorar, pero hay que seguir peleándola hasta el final.
  La única forma de aprender a pelear es peleando, es no rendirse jamás. Rendirse es mirar la pelea desde afuera, ver como otro pelea esa pelea que es nuestra.
Pelearla hasta el final, hasta el último round.

“El Sacrificio Del Héroe”

  En toda historia hay un héroe y un villano. El héroe o la heroína encarnan los valores más elevados, la valentía, el arrojo, la justicia.
                                                                                           El héroe lucha por llegar a la verdad y no quiere nada para sí, lo hace por los demás.
                                                                                             Al héroe se le exige que sea perfecto, sin fallas, porque las fallas lo convierten en un hombre común, y un héroe no es un hombre común.
                                                                                             Un héroe nunca se debe rendir, debe estar preparado para afrontar cualquier peligro, cualquier decepción, cualquier derrota, pero un héroe nunca puede abandonar su lucha. El héroe pelea hasta el final, y de ser necesario el héroe debe sacrificarse.
El héroe tiene que estar dispuesto a perder su propia vida para poder salvar la vida de los demás. Ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente, sacrificarse por el otro, eso hace un héroe.
  Nadie elige ser héroe, la vida, el azar, Dios, el destino, nos ponen en ese camino, un camino de entrega, un amor superior, un camino de sacrificios. Algunos toman un atajo, otros se hacen cargo del desafío, y eso ya distingue a un héroe.
                                                                                        Todos queremos sobrevivir, pero pocos dan su vida por la de los otros. En esa hazaña está el sacrificio. En ese sacrificio está el camino del héroe. El héroe sacrifica la vida por el otro, porque sabe que sin el otro su vida no vale nada.
                                                                                           Pero el valor del héroe no está en la hazaña que realiza, sino en el sentimiento que lo moviliza. El héroe se sacrifica por amor. Por amor el héroe transita su camino, y quiera o no se hará cargo de su destino, porque lo sepa o no él ya eligió y fue elegido para ese camino… sacrificarse por amor.

“El Poder de la Visualización”

  Todos podemos visualizar nuestro futuro. La realidad es lo que percibimos con nuestros sentidos. No importa si algo es real o no, si lo vemos y creemos en lo que vemos entonces será real. Materializar algo que no existe y volverlo real, ese es el poder de la visualización.
                                                                                            Para visualizar es importante el detalle, no alcanza con ver la escena en general sino cada detalle en particular. Los sentidos son fundamentales, poder percibir los olores, las texturas, los sabores… visualizar en nuestra mente hasta que parezca real. Y cuando la realidad dista mucho de nuestros deseos hay que concentrarse aún más.
                                                                                             El deseo es como una película que se proyecta en nuestra mente. El deseo es muy poderoso y sagaz, siempre encuentra la manera de materializarse. Nuestra realidad de hoy está construida por nuestros pensamientos de ayer. Todo lo que nos pasa, lo que somos, lo que tenemos, existe porque antes lo pensamos.
                                                                                            Hay que aceptar nuestra responsabilidad en lo que nos pasa, porque nuestra realidad es la materialización de lo que alguna vez deseamos. El deseo es una fuerza misteriosa. El deseo es energía en movimiento.
                                                                                                                                                                                       
El deseo propio o ajeno nos obliga a tomar decisiones, a verlo o a ponerle un velo. El deseo es un imán, atraemos lo que visualizamos, lo bueno y lo malo. Porque nadie llega a un lugar si antes no lo deseó.
                                                                                            Visualizar, imaginar, desear de corazón y compasión, eso va configurando nuestra realidad, nos abre el camino, nos da esperanzas. El deseo es el testigo de lo que nos falta, el deseo es la película de la vida que queremos vivir, podamos visualizarla o no.

“El Manual Del Súper Héroe”

Ser valiente no significa no tener miedo. Ser valiente significa avanzar a pesar de tener miedo, El cobarde es el que no da ni un paso sin tener todo asegurado.
El superhéroe también tiene temor, miedo, pero es valiente y lucha. Lucha por el bien, por terminar con el mal, lucha por la justicia y por el amor.
Un superhéroe interviene en la lucha del bien contra el mal. Para eso, debe saber distinguir cual es el bien y cual es el mal.
Reconocer el mal es vital para un superhéroe. No siempre el mal es reconocible, a veces, el superhéroe finge dejarse engañar por el mal para desenmascararlo. Cuando conoce la cara del mal, el superhéroe no esquiva la lucha. El superhéroe tiene que ser valiente, encontrar en el peligro la salida del peligro, pero sobre todo, la lucha del superhéroe tiene que tener un sentido y el sentido de cualquier lucha es el Amor.   
Todo lo que se necesita para ser un superhéroe es ser valiente, pero ¿Qué es ser valiente? ¿Ser valiente es no tener miedo? Ser valiente no es no tener miedo, sino, avanzar a pesar de tener miedo. Ser valiente no es ser desconfiado y precavido, sino confiar aun a riesgo de ser traicionado.
                                                                                                                                                 
El cobarde es el que no da ni un paso sin garantías de que corre riesgos. El valiente sabe que nunca hay garantía de nada. El cobarde solo apuesta cuando sabe que va a ganar. El valiente es el que apuesta aun sabiendo que puede perder, y lo único que a un superhéroe  puede darle el valor para hacer ese acto de arrojo es el Amor.
El amor es una fuerza poderosa, que te transforma, te libera y te abre puertas. EL amor es una llave, nos da el valor de dejar de esperar que no allá miedo, porque miedo, temor, siempre habrá.
Ser valiente no es ser un temerario. Un temerario es un mercenario, no tiene miedo porque no le importa la vida, por eso, un superhéroe es valiente y teme, y mucho, a perder la vida propia o ajena. Teme perder la vida porque la ama y ese amor le da valor, porque lo que cuesta sangre, sudor y lagrimas, vale. 
Lo que nos salva y nos da valor es el amor. Lo único que se necesita para ser un superhéroe es el amor, el amor que permite vencer la cobardía y nos da el valor para  dar pelea, aunque estemos en la boca del lobo.

lunes, 23 de mayo de 2011

“El Fin de los Misterios”

  Los misterios son tan seductores, tan atractivos, magnéticos… 
                                                                                         Son irresistibles, necesitamos llegar rápidamente a la verdad, terminar con el misterio, terminar con la incertidumbre... 
                                                                                          Pero hay cosas que se mantienen en el misterio, por una razón. Aún no estamos preparados para semejante revelación. Un misterio no se revela hasta no estar preparados para esa revelación. 
                                                                                           Todos los misterios tienen un fin, y no hablo del final de los misterios sino del fin, como sinónimo de finalidad, de propósito. Porque todos los misterios están ahí para algo. 
                                                                                             El fin, el propósito de los misterios, es mantener vivo el deseo. Cuando un misterio se revela pierde el atractivo, pierde el interés, y hay cosas misteriosas que para funcionar tienen que seguir siendo misteriosas. 
                                                                                        Los misterios van más allá de nuestra comprensión. Jugar con los misterios es peligroso. Nos pueden revelar una verdad para la cual aún no estemos preparados.

“El Efecto Mariposa”

  Cuando escribes en una computadora y te equivocas es fácil, haces clic en “deshacer”, corregís y seguís, pero en la vida es un poco más complicado. Nos encantaría que existiera un botón para deshacer nuestros errores, sería más fácil.
                                                                                            Un descuido, un error, un desliz y todo cambia, ya no podes hacer borrón y cuenta nueva. Pero si existiera una forma de volver atrás y corregir lo que hicimos mal ¿no lo harías?
  Vivimos a mil y no le damos importancia a los detalles, a los cambios sutiles, cotidianos, y ese detalle mínimo nos pueda cambiar la vida. Una palabra no dicha a tiempo, un gesto a destiempo y lo que era la solución a nuestros problemas, pasa a ser un problema.
                                                                                          Creemos que las grandes tragedias son las causadas por grandes errores, pero a veces un detalle, algo que no debería ser dicho, es el aleteo de la mariposa que desata la tormenta, y una vez desatada la tormenta uno quisiera volver el tiempo atrás, a esa palabra no dicha, a ese gesto que no se hizo. A veces, por más que uno sepa que fue lo que desato la tormenta y sepa como rebobinar la película, no puede volver atrás, no puede volver a frenar el efecto mariposa.
                                                                                           En cualquier sistema, por definición, siempre se comete un error, pequeño, insignificante, pero siempre ay una falla.
                                                                                          Causa y efecto. Un pequeño error que produce grandes cambios, una mariposa que produce un huracán. Detalles, pequeñas fallas, descuidos que escapan de nuestro control. Eso nos dice el efecto mariposa, no podemos controlar todo.

“Dulces Sueños”

  Un sueño que te anestesia no puede ser bueno. Soñar a veces es una manera de no vivir.
                                                                                           A veces soñamos que tenemos eso que en la realidad no podemos tener ¿Quién quiere despertar de ese sueño?
                                                                                           Un sueño hecho realidad es una contradicción, un sueño es sueño, y la realidad es real.
                                                                                          Es más fácil creer a alguien que te dice que va a estar todo bien aunque sea una mentira que a alguien que te dice la verdad aunque no sea tan soñada.
                                                                                         Una realidad que duele se cura con más realidad, nunca con negación.
                                                                                         Los sueños se rompen como un cristal ante la realidad.
                                                                                           Los dulces sueños tienen un único objetivo, tapar lo amarga que puede ser nuestra realidad.
                                                                                        Los dulces sueños están hechos de ilusión, de todo lo que no es real. Y la ilusión está hecha de dulce olvido, olvido de la amarga realidad.

“¿Dónde Estas Amigo?”

   Es apenas un instante, un momento, un segundo en el que uno equivoca el camino. A partir de ahí cada paso que damos nos aleja cada vez mas de nosotros mismos.
                                                                                        No tenemos conciencia de los errores que cometemos, apenas una sensación, una pequeña voz interior que nos dice “algo está mal”. Y aunque esa vocecita está ahí seguimos adelante, ignorándola, equivocándonos, casi a conciencia.
 Lo ves venir. Sabes que eso que estás por hacer va a cambiar todo, y así todo lo haces. Ya te extraviaste, ya te vaciaste, ya te equivocaste, ya te fuiste, ya te perdiste, ya te traicionaste. Y ahí te miras al espejo y ya no te reconoces, hay otro que te mira, te pregunta “¿Dónde fuiste? ¿Dónde estás?”.
                                                                                         Un error lleva a otro error. Es tan fácil equivocar el camino y tan difícil volver de eso... Es un impulso, un momento irracional, y ya no hay vuelta atrás. Incluso cuando tenemos buenas intenciones un error puede cambiar todo, romper todo. Ya estás perdido, errado, extraviado, si no tienes rumbo ¿A dónde podrás ir?
                                                                                          Hay alertas, hay advertencias, pero no las escuchamos y vamos directo al error.
                                                                                                     
Errar es hacer algo pensando solo en nosotros y nada en los demás. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué nos equivocamos tanto? ¿Por qué fuimos tan débiles? 

Cuando cometiste error tras error no puedes ni siquiera quejarte, ni ese derecho tienes.
                                                                                       Corres, te desesperas, pero cuando tomaste el desvío el camino de regreso es más largo. Porque en tu desvío causaste dolor, heridas que tardan mucho en sanar. El dolor se transforma en resentimiento, en tristeza vieja, inolvidable.
                                                                                         Ya no soy el que era, ya no eres el que eras ¿Dónde estás? ¿Dónde estamos?
                                                                                   Quieres volver el tiempo atrás, quieres volver a ser quien eras, pero ya es tarde.
                                                                                          Los errores del presente son las tragedias del futuro. Corres pero ya es tarde, y mientras corres tú alma llora, porque sabes que tendrías que haber escuchado esa vocecita, ese murmullo en tu corazón que te decía que estabas equivocando el camino.
                                                                                     Corres y corres pero ya es tarde, solo puedes mirarte al espejo y preguntarte ¿Dónde estás?

domingo, 22 de mayo de 2011

“Detenidos en un momento”

Para transitar algunos dolores, para poder abrirnos a ellos hay que animarse a perdonar.
Perdonar es soltar la culpa, dejarla ir. La culpa es un ancla que nos detiene.
Al perdonar, al soltar la culpa, nos soltamos nosotros. Nos permitimos avanzar.
Castigarnos una y otra vez por algo que no podemos cambiar nos detiene en el tiempo.
Hay que salirse de la huella, de esos pasos que nos llevan una y otra vez al mismo camino.
Perdonar, perdonarse, es crecer.
Hay que animarse a avanzar, a no repetir las mismas respuestas a los mismos problemas.
Nos cuesta perdonarnos y eso nos destina a quedarnos congelados en el error que cometimos. No perdonarnos es nuestra forma de castigarnos.
Perdonar es más que perdonar a otro, es entender que no somos culpables de las impotencias de los otros.
Cuando repetimos aquello que nos hace mal en realidad es nuestro interno por repararlo. Es un intento porque aquello que fue no sea.
Cuando volvemos al mismo sentimiento buscamos la chance de cambiar lo que pasó. Un imposible.
Perdonarse es soltar la culpa de existir.
Hay deseos muertos, que nos atan, nos detienen en el camino. Están los otros, los que nos empujan, los que nos abren el camino.
Los deseos muertos quieren cambiar lo que no se puede cambiar. Nos hacen mirar atrás, niegan el perdón y la posibilidad de perdonar.
Perdonar es dejar en el pasado lo que es el pasado. Es acomodar ese trauma en donde corresponde. Es reconstruir desde las ruinas. Es cerrar esa puerta. Es dejar que el tren avance. Es volver a jugar el partido. Es afirmar la propia identidad. Es animarse a ser otro. Es superar nuestros miedos. Es enfrentar nuestros miedos. Es luchar contra nuestros demonios. Es reencontrarse con uno mismo.
Perdonar y perdonarse es soltar eso que nos tiene detenidos en el tiempo, y al fin poder avanzar.

“Déjame Llorar”

Debes llorar todo ese dolor, llorar la tristeza, llorar las tragedias, llorarlo todo. Llorar todo el dolor, sacarlo, porque ocupa un lugar de la alegría, del amor. Cuando lloras no solo lloras el dolor, también lloras el odio, el resentimiento, la frustración, te vacías de todo eso. 
Cuando lloras riegas, y tal vez algo florezca. Porque cada lágrima trae una enseñanza, cada lágrima es una parte de ti que muere, cada lágrima es algo de ti que quiere renacer. 
Y una vez que lo hayas llorado todo, toda la tristeza, la soledad, comprenderás que las cosas simplemente son como son, y no por eso han de ser malas. 
Las cosas son como son, bellas, duras, inexplicables, complicadas. Hay de todo en la vida, obstáculos, alegría, sin sabores… llora mucho, pero luego ríe, porque eso hace las esperanza, llora todo lo que espera pero ríe sabiendo lo que vendrá.

jueves, 19 de mayo de 2011

“Besos Inesperados”

¿Quién no se acuerda de su primer beso? ¿Quién no se acuerda de su último beso? ¿Quién no recuerda esos besos que dio en el camino? Esos besos raros, besos con historia, besos que tardan en llegar o besos que no llegan nunca. Para mí los imposibles de olvidar, son los besos inesperados.
                                                                                                        Los besos transforman todo, son como una barrera, un muro que cruzas sin saber que te vas a encontrar del otro lado. Se te acelera el pulso como si el beso fuera la represa que se abre para dejar que un rio de sensaciones te recorra.
                                                                                                            Los besos no se dan con la boca, los besos se dan con todo el cuerpo.                                                                                                                                                                                                   Los besos se dan con la memoria. Los besos son puentes que unen territorios imposibles, son la prueba que nuestra alma necesita.
                                                                                                                   ¿Técnicamente que es un beso? ¿Dos bocas que se juntan? ¿Respirar el mismo aire? ¿Eso es un beso?
                                                                                                       Hay besos que no deseas, o no esperas, pero que llegan y no te sorprenden. Lo que te sorprende tal vez es que no sabes cómo ni por qué, pero te empieza a gustar. Eso sí que es inesperado.

“Cuando Perder es Ganar”

¿Ganar, es la única manera de ganar? Parece una pregunta complicada pero no lo es. Quiero decir ¿la única manera de ganar es ganando?
                                                                                                            ¿No se puede ganar nada perdiendo? Quiero decir si yo por ejemplo pierdo peso ¿no gano en salud? Si un señor pierde el vuelo y ese avión se estrella ¿no ganó algo perdiendo el vuelo el señor?
Un hombre pierde su empleo y se deprime tremendamente, pero consigue otro empleo mejor y le va muy bien ¿ese hombre no ganó perdiendo el primer empleo?
                                                                                              ¿Cuándo uno pierde la inocencia gana algo? Quiero decir ¿cuándo perdemos la inocencia no ganamos en sabiduría, no ganamos en autodeterminación?
                                                                                                         ¿No ganamos cuando perdemos el miedo? Mis queridos amigos cuando digo perdemos el miedo no digo tener una confianza ciega en que vamos a ganar siempre, sino perder el miedo a perder, de eso se trata.
                                                                                                              A veces hace falta un poco de locura para ganar algo.                                                                                                   A veces perder el control es la única manera de ganar libertad.
                                                                                                             Si yo te digo ‘perder la ilusión’ ¿ganamos algo perdiendo la ilusión?
A veces hay que perder la esperanza, perder la ilusión, para que nazcan cosas nuevas. Y parece que fuera el fin de todo y en realidad puede ser el comienzo de algo mejor. De lo que se trata es de perder el miedo a perder, porque a veces perder es la única manera de ganar.
                                                                                                         Un iluso es alguien que se cree cualquier cosa ¿o no? La ilusión es una burbuja. Hay que romper esa burbuja.
                                                                                                             Cuando perdemos la ilusión y enfrentamos la realidad al menos somos más honestos, y tal vez quien sabe la realidad nos da una grata sorpresa. Pero lo que es seguro es que la ilusión nunca nos va a dar lo que promete. Ustedes lloren, griten, pataleen pero despídanse de ese mundo en el que vivían.
                                                                                                         Ha llegado el momento de entender que este es el mundo que tenemos que reparar. En este mundo tenemos que resistir.
                                                                                                            Soñar es querer cambiar una realidad, la ilusión es negar la realidad. La desilusión no es otra cosa que una bofetada que nos da la realidad, nos dice “eh, no sean tontos, las cosas son como son”.
                                                                                                          La ilusión nos hace creer que se puede sacar agua de las piedras, pero la realidad es que si queremos agua tenemos que ir al arroyo, porque si hay algo que las piedras no tienen es agua.
                                                                                                               Bueno, y una vez que hayamos perdido la ilusión, que nos hayamos despedido de ese mundo ideal, agarramos la realidad con las dos manos y decimos “bueno ¿y ahora que hay que hacer?”, y les puedo asegurar que hay mucho por hacer.
                                                                                                           Ahí donde terminó la ilusión empieza la vida de verdad, y cuando ya estemos desilusionados soñemos en grande con el mundo que queremos y por el que vamos a luchar. Hay que perder la ilusión, porque ahí perder es ganar.

“Canción de Cuna”

¿Alguna vez pensaron que pasa cuando viajamos en un avión?
Nos sientan, nos ponen el cinturón de seguridad, nos dan de comer, nos pasan una película, apagan las lucen y nos hacen dormir. Cuando estamos en un avión nos tratan como a bebés.
                                                                                                             ¿Y por qué hacen eso? Ustedes piensen que somos doscientas, trescientas personas que viajan en un tubo de aluminio a diez mil metros de altura. Todos ponemos nuestra vida en manos de una sola persona: el piloto. Somos bebés que dependemos de un adulto que nos proteja.
                                                                                                             Un bebé depende por completo de los adultos, y su único modo de expresarse es el llanto.
                                                                                                     Cuando viajamos en un avión somos como bebés que dependemos del piloto, y no podemos hacer nada, nada durante el vuelo. Solo dependemos de él y lo que hagan para entretenernos o distraernos.                                                                                                                                                             ¿Entonces que hacen? Nos venden perfumes, nos pasan películas o nos cantan canciones de cuna.
                                                                                                             Es una cuestión de roles, y a cada uno le toca lo suyo. El bebé llora, y el adulto debe ocuparse de él. El bebé debe ser bebé. Y el adulto, adulto. Eso no es algo que se enseña, eso se siente.
Pero nosotros no somos bebés, ni tampoco estamos a diez mil metros de altura. No dependemos de nadie que nos cuide, que nos alimente o que nos cante canciones de cuna. 
Eso sí, podemos elegir: ser bebés y seguir llorando, o ser adultos responsables.
                                                                                                                              Todos podemos ser pilotos de nuestra propia vida, o sea adultos.

“Buscando El Tesoro”

Lo primero que uno piensa cuando habla de un tesoro es en algo muy pero muy valioso, que se encuentra guardado, oculto, los piratas escondían sus tesoros para luego, en el momento apropiado volver a buscarlo, esta búsqueda es como una aventura de piratas, para que nosotros encontremos nuestro tesoro.
Tesoro escondido, bajo siete llaves, en el lugar mas hermoso del mundo, nuestra alma, todos tenemos algo que nos hace únicos e irrepetibles, algunos lo llaman tesoro, otros lo llaman don.
Un don, oculto, que espera ser descubierto para darle un sentido a nuestra vida, a nuestra búsqueda, a nuestro viaje, como toda búsqueda del tesoro, hay pistas, coordenadas, señales. No es soplar y hacer botellas, uno se pierde, se enoja, pero el viaje, la búsqueda también tiene que ser una gran diversión.
No hay que olvidarse que la búsqueda del tesoro es, sobre todo una gran fiesta.
De eso se trata, no? De ser un gran pirata, de encontrar el tesoro exacto en el momento. El tesoro es eso que hace que la historia comience, avance.
El tesoro es como nuestro imán, sin darnos cuenta de a poco nos atrae hacia el, el tesoro es una voz en el fondo de tu alma que te pregunta, ¿Quién quiero ser? ¿Qué quiero ser? ¿Qué puedo ser? la que te para los pelos ¿Podre?                                                                              
                                                                                                                                            
Solo hay una forma de saberlo y es haciendo la búsqueda de ese tesoro tan pero tan valioso.                                                         
Ese tesoro, esa vocación, ese don o esa habilidad a través de la cual queremos dejar nuestro sello, nuestra huella en el mundo, nuestro tesoro es ese poder que empuja para salir, y muchas veces a pesar nuestro; todos guardamos un tesoro, un don, como una semilla chiquita en el centro de nuestra alma, solo se trata de regar, de hacer crecer lentamente esa semilla hasta que sea un árbol, solo hace falta mirar con los ojos abiertos, a veces al final de la búsqueda, no aparece el tesoro que estábamos buscando. No se llega fácil al tesoro por eso vale.
Un buen maestro es el que te ayuda a encontrar tu don. Uno malo, es el que te dice que no sueñes sino que hagas algo útil en tu vida.
Útil es descubrir y utilizar tu don, eso para lo que son únicos, para lo que son un crak, un tesoro es valioso porque perderlo significaría perdernos, en la búsqueda del tesoro uno deja su lugar, su burbuja, y sale al mundo a buscar algo que no sabe que es, pero esta, creemos, ahí afuera esperándonos, creemos que el don, la habilidad consiste en encontrar ese gran tesoro, pero el tesoro es precisamente ese don, encontrar ese don, eso para lo que estamos hechos. Ese es el sentido de la búsqueda.

miércoles, 18 de mayo de 2011

“Besos Inesperados”

¿Quién no se acuerda de su primer beso? ¿Quién no se acuerda de su último beso? ¿Quién no recuerda esos besos que dio en el camino? Esos besos raros, besos con historia, besos que tardan en llegar o besos que no llegan nunca. Para mí los imposibles de olvidar, son los besos inesperados.
                                                                                                           Los besos transforman todo, son como una barrera, un muro que cruzas sin saber que te vas a encontrar del otro lado. Se te acelera el pulso como si el beso fuera la represa que se abre para dejar que un rio de sensaciones te recorra.
                                                                                                        Los besos no se dan con la boca, los besos se dan con todo el cuerpo.                                                                                                                                                                                                  Los besos se dan con la memoria. Los besos son puentes que unen territorios imposibles, son la prueba que nuestra alma necesita.
                                                                                                                   ¿Técnicamente que es un beso? ¿Dos bocas que se juntan? ¿Respirar el mismo aire? ¿Eso es un beso?
                                                                                                          Hay besos que no deseas, o no esperas, pero que llegan y no te sorprenden. Lo que te sorprende tal vez es que no sabes cómo ni por qué, pero te empieza a gustar. Eso sí que es inesperado.

“Área de Competencia”

A veces vas por la vida creyendo que estás despierto y de pronto pasa algo inesperado, algo que te sacude, algo que te despierta.
                                                                                                           ¿Hay algo capaz de despertarnos del sueño más profundo que es dormir despiertos? Es paradójico, pero creo que no hay mejor despertador que un sueño.
                                                                                                            Cuando eres chico tienes algo muy claro, tu juguete preferido es tuyo, si ves que alguien lo quiere sin dudarlo dices “es mío”. Defiendes con uñas y dientes lo tuyo, tu juguete, tu lugar, tu novia, pero siempre aparece alguien que viene a disputártelo. Puede ser otra persona o incluso el recuerdo de otra persona, donde había dos ahora hay tres y ya estás en una competencia.
                                                                                                            La competencia tiene mala prensa, creemos que ser competitivos es un defecto, nunca una virtud ¿pero no es cuando no tenemos competencia cuando dejamos de crecer?
                                                                                                            El problema de la competencia, creo yo, es la falsa creencia de que para que alguien gane otro tiene que perder, para que alguien exista otro tiene que desaparecer.
                                                                                               Olvidarte que nada es tuyo y que todo lo puedes perder te puede dormir, se necesita un buen sueño para despertarse.
                                                                                                       Se necesita un buen competidor para mantenerse despiertos y crecer. No hace falta que otro pierda, la verdadera competencia es cuando todos de alguna manera ganan algo.
                                                                                                             No hay garantía de que el sueño vaya a cumplirse, eso te hace esforzarte para ser mejor, para que elegirse sea algo de cada día. De lo que si hay garantía es que si aspiras a ser mejor no hay manera de que no lo seas.